jueves, 7 de agosto de 2008

CAL VIVA


CAL VIVA
Once años antes de que la editora que me ha defraudado cuatro años de derechos de autor me publicara cuatro obras, (y aparte de otras seis) yo había editado “Cal viva”, una novela que tuvo dos versiones en redacción. La primera, corta, quedó finalista del Premio Café de Gijón y la segunda, ya con formato normal, fue finalista del Premio Ateneo de Sevilla 1992. Dado que por ahora no voy a editar en papel, al menos mientras dure el proceso contra la editora y sus cómplices Molina y Mayordomo, “Cal viva” ha salido ya en un formato de internet. En síntesis la historia es así:
Un periódico envía a un reportero novato a investigar los enigmas y anomalías de dos muertes ocurridas después de una pavorosa tragedia natural, en una aldea de la Andalucía profunda. El periodista se topa con un drama rural de apariencia sobrenatural; un hombre extraordinario había conseguido construir un futuro mejor para su gente, mientras se gestaba para él mismo una orgía increíble de pasiones desatadas. Cuando la prosperidad y la modernidad parecían haber alcanzado al pueblo, una cadena de inundaciones lo arrasó todo, pero el destino había ocultado una carta…
“Cal viva” (con un formato reducido y el título de “El extraño caso ocurrido en Benaljazmín”) fue finalista del Premio Café de Gijón. Con su formato y título definitivos, fue primera finalista del Premio Ateneo de Sevilla 1992. Alfonso Canales, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de Málaga, dijo: “Cal viva” es una estupenda novela, muy bien trabada y muy bien escrita”. El director de cine Miguel Picazo opinó: “Es un juego permanente de encuentros y desencuentros… una novela amena, divertida, emocionante”. El locutor José María de Juana dijo: “Una de las mejores novelas que he leído en mi vida”. El poeta Manuel Alcántara escribió: “En “Cal viva” hay eso que llamamos “psicología imaginaria”. Se logra un atmósfera opresiva y se cuenta una historia de interés creciente”.
Incluyo el primer capítulo de CAL VIVA:
Mientras Antero Noble se dirigía hacia el despacho del director, le dominaba una mezcla de ansiedad y anticipación, excitado por las preguntas que interior¬mente se hacía.
Llevaba un mes en el periódico aunque lo suyo no fuera propiamente un empleo, sino una vagorosa forma de subempleo que denominaban "prácticas veraniegas", para las que había sido contratado en sustitución de un periodista veterano que se hallaba de vacaciones, y era la primera vez que el hasta ahora inaccesible director lo convocaba. Pese a la brillantez con que se había graduado y la confianza con que ima¬ginaba que sus antecedentes estudiantiles iban a sentar¬lo de inmediato en una mesa de redactor, lo escrito durante ese mes no había pasado de meros resúmenes y retoques de las notas de agencia.
Una llamada personal del director no podía significar otra cosa que un encar¬go específico, ya fuera un reportaje o un artículo; se preguntó cuál podía ser la naturaleza del encargo y por qué era él, un joven de veinticuatro años recién salido de la universidad, el periodista indicado para llevarlo a cabo.
—Siéntate, Antero —le invitó el director—. Has oído hablar de lo de Benaljazmín?
Trató de recordar. Unos día antes, había visto de pasada una pequeña nota en la página de sucesos y, entonces, solo había pensado en la inundación que, dos inviernos atrás, prácticamente había borrado del mapa el pueblo de Benaljazmín.
-¿No se trataba de un asesinato?
-Nadie ha hablado todavía de asesinatos. Nuestras
fuentes de la policía nos han asegurado que existen investigaciones en curso, lo cual significa que ellos no tienen clara la hipótesis inicial de un caso de suicidio pactado. Si asimilaste bien tus estudios, sabrás que una de las claves del buen periodista es llegar primero; te¬nemos que anticiparnos.
-¿Anticiparnos a quién? No parece una cuestión que pueda interesar a los grandes periódicos nacionales ni, mucho menos, a los internacionales.
-Así es. No parece importante salvo por el hecho de que haya ocurrido en una zona que hace menos de dos años fue devastada por una riada, un pueblo del que dicen que se ha convertido en una ruina. Concurren varias circunstancias misteriosas en este caso y... hay otra clave del periodismo que no se aprende en la uni¬versidad: el olfato. A mí, el olfato me dice que ahí puede haber una historia; tal vez no se trate más que de un melodrama rural, pero será una historia al fin y al cabo, algo capaz de interesar a nuestros lectores. ¿Tienes coche?
-Si se le puede llamar coche a un 127 de cuarta mano…
-Bien; ve a Benaljazmín a ver lo que averiguas. Pide dinero en caja para dos o tres días.
-¿Dos o tres días, no es demasiado? Según creo, allí han quedado cuatro gatos después de la riada.
-Precisamente esos cuatro gatos son los que más deben saber de esas personas y de la relación que pueda haber entre las dos muertes. Los pocos que quedan son los más viejos, los que no tienen edad ni agallas para emigrar; exactamente los que nos interesan. La mujer superaba los noventa años y el hombre andaba por los cuarenta. Los que permanecen en Benaljazmín tienen que haberlos conocido muy bien.
-Y… -Antero titubeó-, ¿Por qué yo?
-¿Por qué te he elegido para este trabajo? Porque escribes muy bien, muestras mucho interés por las cosas vernáculas y… -el director sonrió maliciosamente- porque no dispongo de muchos redactores que acepten pasar un par de días en esa aldehuela llena de moscas. Trata de salir para allá en seguida, después del almuerzo a más tardar.
Antero fue despedido con un gesto y no se atrevió a protestar ni alegar que esa noche tenía una cita.
-¡Maldita sea! –exclamó mientras intentaba arrancar el coche-. Esta porquería sigue quemando aceite.
Tras muchos intentos, el coche se puso en marcha entre estertores. Antero condujo lentamente, abstraído en los pocos datos que había conseguido reunir en el archivo; poca información para comenzar un reportaje con las garantías mínimas; los cuerpos habían sido encontrados en un cobertizo; la mujer, sentada, acunaba al hombre como si se tratase de un niño o, mejor, como si ambos fuesen un remedo de la Piedad de Miguel Ángel. Él parecía haber sido estrangulado y ella tenía un enorme cuchillo de cocina clavado en el pecho. El enigma residía en que la mujer era demasiado débil para estrangular al hombre y en que éste no podía haber apuñalado a la mujer después de ser estrangulado. Efectivamente, la hipótesis del suicidio no se tenía en pie, por lo que no era sorprendente que la policía mantuviera abiertas las investigaciones.
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1 comentario:

Agueda Torrado dijo...

tendré que guardar tu link y mirarte con más detalle. Los dramas con las editoriales, ya se sabe, como la gripe, tod@s que nos dedicamos a ésto pasamos por ellas