sábado, 15 de marzo de 2008

SIN AFEITAR NO SE VA A LA MONCLOA

Tuve el infortunio de participar como publicitario en la campaña que aupó a la desgracia que fue en Venezuela Carlos Andrés Pérez. De aquella experiencia salí “adorando” a los políticos y poniéndoles velas a sus madres.
Carlos Andrés Pérez era entonces una persona de tacto gélido e infinitamente feo. Todos los que teníamos que ver con la campaña, aunque no fuera más que participando en los “brains torms” de la publicitaria, tuvimos que informarnos a fondo sobre el arte de cuidar la apariencia de un político en televisión. Informarnos y estudiar. Y participar en cursillos organizados por la Columbia en particular para los cuatro gatos que éramos.
En nuestra España presente, no creo que pueda llegar a La Moncloa alguien con las mejillas cubiertas por una barba de varios días. Cuando Almunia se presentó, se lo dije a mis amigos: “O se afeita o no tiene ninguna posibilidad”.
Lo de Rajoy es, según dicen, peor, porque no puede afeitarse. Siendo así, debería dejarse una barba decente, en vez inspirar repugnancia con lo que parece aspecto descuidado. Si no consigue afeitarse, no se deja barba luenga, se hace la estética, cambia la expresión de sus ojos y deja se relamerse, jamás llegará a La Moncloa.
Entonces, ¿habrá que aguantar por siempre el disparate presente?
Tendríamos que encontrar un Obama o algo parecido. O una Hilary. Pero pronto. Que Ibarreche, Montilla y José Luis Pérez no descansan.

viernes, 14 de marzo de 2008

Prólogo de mi novela "El ocaso de los druidas"

El edén estaba aquí
Europa posee las grandes manifestaciones artísticas más antiguas producidas por seres humanos. Las cuevas de Altamira y Lascaux, en España y Francia, han sido llamadas con razón “Capillas Sixtinas prehistóricas” y fueron pintadas más de diez mil años antes de la construcción de las pirámides de Egipto. Los increíbles megalitos europeos como Menga en Málaga, Carnac en Francia, o Stonehenge en Inglaterra, son tal vez los monumentos más antiguos de la Humanidad, anteriores a las pirámides y los zigurats.
La civilización celta, aunque posterior a los constructores de dólmenes y menhires, fue durante más de dos milenios una especie de Comunidad Europea desde Finlandia a España y desde Turquía a Irlanda, un fraternal reino de reinos que compartían signos, dioses, sentido de la vida y, probablemente, lengua. Una realidad continental que, pese a los afanes de Bruselas y Estrasburgo, todavía nos costará varias generaciones restaurar del todo. Esa civilización, amante de la Naturaleza y practicante ferviente de la armonía de los hombres con su medio, debió de alcanzar conocimientos muy profundos de física y química, y su cultura era lo bastante funcional como para que clanes muy distantes en el tiempo y el espacio la conservasen durante muchos siglos.
Pero agonizó lentamente a lo largo de más de un milenio, bajo la presión de los invasores orientales (fenicios/cartagineses y griegos/persas) y el Imperio Romano. Finalmente, fue diluyéndose en el olvido en un continente a medias cristiano y a medias musulmán, cuyos practicantes más fervientes, en rara sintonía, perseguían y aplastaban toda manifestación de conocimiento que repugnase a quienes tan pocos conocimientos poseían.
Como, según el tópico, la Historia la cuentan los vencedores, los europeos actuales apenas recordamos ni reconocemos nuestro verdadero origen cultural común, el celta, mucho más determinante que el fenicio, el griego o el latino en nuestros modos y maneras generales, y en el entendimiento paneuropeo de la vida. Tan grande es nuestro olvido, que la ciencia seria no emprende estudios profundos, a escala continental, que pudieran encontrar explicación al misterio de una civilización tan extensa y homogénea en épocas de tan difíciles comunicaciones, para restablecer un mínimo de nuestra memoria colectiva, deliberadamente eclipsada no se sabe bien por qué o por quién. Nadie explica de manera razonable, por ejemplo, la existencia de topónimos como GALicia, GALacia, GALia, y GALes, todos con significación celta comprobada, en lugares tan distantes como Turquía y Gran Bretaña.
El espíritu celta y manifestaciones abrumadoras de su cultura y sentido de la vida han pervivido en las tradiciones, el folclore, la música, los rastros arquitectónicos y hermosos objetos de orfebrería. Y además, está impregnada de celtismo toda una tradición literaria que llega prácticamente hasta el presente. Sin pensar en su origen celta común, difícilmente se podría comprender el espíritu ecológico y de comunión con la Naturaleza que satura los relatos de los hermanos Grimm (alemanes), Giovanni Bocaccio (italiano), Hans Christian Andersen (danés), Charles Perrault (francés), Lewis Carroll (inglés) o Jonathan Swift (irlandés) e inclusive los fabulistas españoles Félix María Samaniego y Juan Eugenio Hartzenbusch. Sin considerar nuestros orígenes celtas, resultaría inimaginable el surgimiento en la Europa judeocristiana de ideas como las de Jean-Jacques Rousseau (suizo).
Aceptamos como un dogma haber sido “civilizados” por Sumer y otras naciones orientales, como si lo que antes existía en el continente fuese tan sólo un hatajo de salvajes infrahumanos, bárbaros, brutos e incapaces de crear arte, belleza ni cultura, lo que es contradicho clamorosamente por los numerosos rastros, tan superficialmente investigados, que dejaron los celtas y que incluyen la que es probable que sea la más antigua forma de escritura alfabética, a pesar de que un tabú religioso les impedía escribir sus leyendas e historia, lo que es una de las causas de nuestro olvido. En esta cuestión tan crucial, la ciencia ha dejado en manos de desvaríos especulativos la investigación de algo que nos concierne a todos los europeos, un patrimonio comunitario que tenemos derecho a conocer con profundidad y sin frivolidades.
Europa experimentó un tiempo en que los celtas manteníamos con la Naturaleza una alianza mutuamente provechosa. Entonces, el Edén estaba aquí.
Con todo el espíritu celta de que he conseguido imbuirme en lugares que amo intensamente, narro a continuación una aventura que pudo suceder.

jueves, 13 de marzo de 2008

¿JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ QUIERE SER CEACESCU?

Son demasiados los reflejos condicionados y las palabras “perdidas” que indican la posible veneración de José Luis Rodríguez por Largo Caballero.
Para quien investigue a fondo la Guerra Civil de 1936, resulta obvio que Largo Caballero fue su principal instigador. No sólo intentó una revolución a la rusa en 1934 y fusiló a guardias civiles por cumplir con su deber, sino que fue llamado en todo el mundo “el Lenin español”. Es dramáticamente cierto que si Largo Caballero no hubiera aparecido con tanta reiteración en la escena política española y el PSOE no lo hubiera arropado una y otra vez, en contra del sentido común, la Guerra Civil no habría tenido lugar, no habríamos sufrido la salvaje pusilanimidad de Franco ni habríamos perdido a aquella generación formidablemente culta de los años 30.
La historia española sería mucho más fecunda, armónica, tranquila y culta si hubiesen fusilado a Largo Caballero en junio de 1934.
Ahora vemos que el PSOE (donde, a pesar de que no lo parezca, hay cabezas pensantes) salva una y otra vez a José Luis Rodríguez sabiendo de sobra cómo es y lo que es.
¿Entrará José Luis Rodríguez en la Historia tal como quiso entrar Largo Caballero, instalando la Confederación Española de Repúblicas Socialistas Soviéticas? ¿Quiere José Luis Rodríguez ser un Ceacescu?

Ni fascista ni nada

Tal como si fuera Jesucristo redivivo, José Luis Rodríguez se empeña en afirmar que todo el que no opine como él es fascista. Tal vez no sea a propósito, aunque me temo que sí, pero usa los mismos argumentos y casi las mismas palabras de Largo Caballero cuando provocaba el estallido de la guerra civil.
A mí no sólo no me gusta Rodríguez, sino que abomino de tener por máxima autoridad, después del Rey, a alguien tan poco capacitado, con tan grandes deficiencias culturales y tan clamorosos defectos personales. Pero fui votante socialista casi hasta hace dos días y han sido el Gal y él los que me han disuadido.
No sólo no soy fascista, sino que ni siquiera milito en ningún partido sea del corte que sea, porque un escritor no puede admitir que alguien le señale cómo ha de pensar. Fui uno de aquellos progres que tanto daño han hecho a nuestra conformación como país progresista y a nuestra calidad, pero rectifiqué a tiempo. Aunque Rodríguez y sus ministros de propaganda se empeñen en decir que yo soy fascista por despreciar profundamente su política, yo sólo soy un tío que se toma la molestia de pensar.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Cuatro años son mucho

El que volvía aseguró que "veinte años no es nada"
(con esa fea costumbre de los letristas de forzar las rimas cometiendo errores sintácticos garrafales)
Por el contrario, veinte son mucho.
Hasta cuatro años son muchos.
En cuatro años se puede desmantelar un estado de mil, como estamos viendo.
En cuatro años se puede arruinar una economía próspera, como hemos visto.
En cuatro años se puede perder la facultad de asombro, al ver tanta tontería en asuntos exteriores, fomento y la mesa del consejo.
En cuatro años, es posible desternillarse viendo cuántos pierden cuánto la vergüenza.
Ahora, hemos entrado en la era del Chikilicuatre.
Algunos catalanes (los más racistas), dicen qu España es un estado inmaduro.
Precisamente es un catalán el que ha impulsado el desaguisado, quizá para confirmar la inmadurez de los votantes.
¿A cuántos ministros los veremos ponerse extensiones para tener tupés a lo Elvis?

martes, 11 de marzo de 2008

Chikilicuatre y poder

Se habla mucho de la televisión basura, refiriéndose expresamente a los programas de cotilleo-verdulerío. Pero nadie menciona los concursos basura.
Los concursos de televisión, particularmente aquéllos en los que que hay votar mediante llamadas telefónicas de pago -el verdadero negocio de los canales-, son cuidadsosamente maquillados por sus responsables. Cualquier productor de uno de esosd concursos le diría que "el público no tiene suficiente criterio para decir el que más talento tiene". Exactamente lo mismo que predican las dictaduras, tanto las marxistas como las fascitas.
Para decidir adecuadamente mediante votación, todos los votantes tendrían que ser doctores universitarios.
Lo que nos conduce a meditar sobre el valor de un voto que decide llevar a Eurovisión a Chikilicuatre. ¿Tenemos el criterio suficientemente formado para permitir que cualquier iletrado se eleve a misiones para las que no está capacitado?
Ciertamente, hay que respetar la idea de que esto es imperfecto pero es también lo mejor que conocemos.
Mas ¿soportaremos la abundancia actual de chikilicuatresa y sobreviviremos a cuatre?